Las gemelas
Yo tendría un año, más o menos. Alguien en mi casa hizo esta doble exposición sin darse cuenta. Ocurrió solo con esta foto: el resto del carrete está bien.
A todos les hizo tanta gracia el resultado que la foto ganó la categoría de cosa-que-merece-un-título. Pasó a llamarse “Las gemelas”.
Las dos niñas de la foto son yo, o eso me dijeron siempre.
A los ocho años empecé a fantasear con la idea de tener una gemela secreta a lo Lindsay Lohan, como todas las niñas de mi edad.
Recuerdo mirar esta foto con la esperanza de estar ante la prueba definitiva de una historia familiar ultraturbia que algún día saldría a la luz1.
Recuerdo querer ir de campamento solo para encontrar a esa niña que acabaría siendo más que una amiga y una hermana: una puerta a otra posibilidad de yo.
Una yo con un viñedo en Napa, California. Por ejemplo.
(Inciso: Dennis Quaid fue uno de mis primeros crushes. En aquella época pre-juicio, cualquier personaje “guay”, de película, era susceptible de convertirse en una fantasía: el padre ideal, la amiga ideal, el chico con alfombra mágica y mono al hombro ideal.
La gemela ideal).
Hoy me sigue quedando algún resto de ese pensamiento mágico. Supongo que, por eso, cuando miro la foto de “Las gemelas”, me pongo muy seria. Las veo diferentes. Tan diferentes como veía a Annie y Hallie antes de saber que las interpretaba la misma chica pelirroja, con distinto corte de pelo y un cambio de armario. La chica buena de Chicas malas.
Hoy me parece imposible que esos dos bebés sean yo.
Estoy segura, eso sí, de que yo soy los dos.
Durante la adolescencia intenté cambiar mi apariencia cada vez que sentía nacer una nueva versión de mí misma (cosa que ocurría prácticamente todas las semanas). A la nueva-yo había que darle un empujón: un flequillo, un tatuaje, un eyeliner cleopátrico, un nuevo corte de pantalón vaquero que gritara yo no soy esa, como Mari Trini.
Ahora me peleo con esa necesidad de fragmentarme. Me gustaría permitirme ser todas. Rendirme en la búsqueda de esa gemela ideal que siempre está de buen humor y no procrastina. Esa gemela a la que yo le caería estupendamente bien.
Que existe: sí.
Pero solo algunos días.
No me quiero imaginar las fantasías que podrán tener los niños de hoy. Los delirios que soñarán.





Me hiciste reír con lo del viñedo en Napa y lo del chico con alfombra mágica ideal. La foto es una fantasía, la verdad. Lo que está claro es que si existe esa otra tú, escribirá, también, de maravilla✨👯♀️